Límites, ¿para qué?

Sócrates decía que un hombre desenfrenado no puede inspirar afecto a otro hombre ya que es insociable y cierra la puerta a la amistad. Un niño sin límites, que no sabe frenar a tiempo su ira ni controlar su mal genio, tiene dificultades para poner en juego sus habilidades.

Los límites, en lugar de oprimir, liberan. Son marcos de referencia que facilitan nuestra propia construcción y la convivencia con los demás, la exploración, la creatividad y el abordaje positivo de los cambios. Tenemos libertad porque tenemos límites. Para salir de los límites es preciso tenerlos y conocerlos.

Nuestros niños tendrán que rehacerlos, superarlos o redefinirlos en un trabajo de evolución personal. El resultado de este trabajo será una persona que podrá gozar de la vida, dar amistad y amor y se sentirá más equilibrada y segura de sí misma.

Los límites son necesarios para:

  • Definir un espacio de crecimiento donde el niño pueda construirse con seguridad.
  • Señalar pautas de conducta que favorezcan una mejor adaptación al entorno.
  • Regular la convivencia diferenciando los espacios propios y los de los demás.
  • Facilitar el autocontrol emocional dotando al niño de estrategias para gestionar sus emociones.
  • Favorecer la construcción del sentido moral e individual fomentando valores como la libertad, el respeto y la responsabilidad.
  • Permitir el trabajo de trascenderlos, cambiarlos, poner otros nuevos, revisarlos y recuperarlos si se cree conveniente.

La permisividad y la falta de límites es causa de desorientación y de inseguridad puesto que el niño carece de referentes para orientar su conducta. Su autocontrol será bajo y puede convertirse en una persona débil con poca tolerancia a las frustraciones y graves dificultades para enfrentar los problemas y gestionar la incertidumbre y el caos.

En Centro Abierto de la Fundación Tomillo, en concreto en el Instituto de Ecología Emocional de Madrid, llevamos a cabo diversos programas en los que promovemos con los niños y jóvenes rutas para crecer, para hacer camino. Una ruta orienta pero no obliga. Permite que escojas en qué dirección ir. La ruta muestra opciones y avisa de peligros o recursos.

En nuestros programas aplicamos la siguiente Fórmula = Respetar su espacio de ser y de crecer + fomentar que vivan vidas íntegras + libertad y responsabilidad + permitirles tomar sus propias decisiones y cometer sus propios errores.

Si estas interesado en ampliar esta información, haz click en este enlace: Programa Exploradores Emocionales

“¿Qué es un niño?  Un explorador”     Desmond Morris

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