Instrucciones para subir a las Montañas de Mármol

Para subir a las Montañas de Mármol es preciso viajar con el calzado adecuado y sin apenas peso. Será preciso dejar abajo el equipaje que lleves. Si es algo valioso déjalo a alguien de confianza. Si no tiene valor alguno, despréndete de él.

Cuando subas, estate atento, fíjate bien dónde colocas los pies. La subida tiene una pendiente muy inclinada y el suelo está lleno de piedras sueltas que pueden hacerte resbalar. Pisa por donde esté bien asentado, busca los huecos y rendijas para fijar tus pies.

No mires hacia abajo, verás el abismo y puedes asustarte y caer. Tampoco estés pendiente de lo que te falta por subir, puedes desanimarte ante tanto reto. Céntrate en cada paso, pon tu atención solo en el lugar en el que estás, siempre concentrado.

¡Respira! No te olvides de respirar. Siente el aire cuando entra en tus pulmones, y también cuando sale, sigue su ritmo con el movimiento.

Ve a tu ritmo, no intentes ir a la velocidad de los que te adelantan. Subir a las Montañas de Mármol no es una competición, es un reto individual. No se trata de ver quién llega antes, sino simplemente se trata de llegar.

Si encuentras a alguien que te obstruye el paso porque va más lento, ten paciencia. No le empujes, no le chilles, no le instigues para que vaya más rápido. Espera, respeta. Cuando el terreno lo permita, avanza para seguir a tu ritmo.

No intentes cargar con el peso de las personas que no pueden subir o que se detienen. Entiende que este es su camino. Ayuda puntualmente si puedes, pero no pretendas cargar con su ascenso. Podríais caer todos.

Confía. Cuando tu mente te diga que no vas a poder, tú responde: “Este paso sí que puedo”. “Este otro también”. Solo un paso cada vez. Así, poco a poco, irás avanzando.

Elige bien las personas que te acompañen, que sean autónomas, luchadoras, generosas y respetuosas. Líbrate de los que esperan sujetarse a ti para subir o que te los cargues a las espaldas. Con ellos nunca llegarás a la cima.

En la cima hay poco espacio. Tal vez tengas que esperar un poco para poder acceder al mirador. Tranquilízate, no te impacientes. Todo tiene su momento y tú también lo tendrás.

Cuando se desbloquee el paso, avanza. Es tu momento. ¡Has llegado! Tal vez cansado, tal vez sin fuerzas. Entonces mira alrededor. Todo está claro. Ves el mapa entero de lo que hay, ves incluso el mar, a lo lejos; ves el cielo y la tierra… Ves lo global y todo adquiere una dimensión distinta.

Entonces, comprendes.

Jaume Soler y Mercé Conangla (Extraído del libro “Las 20 perlas de la sabiduría)

agua

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