Definir un afecto

El lenguaje es un medio imprescindible para conocer, comprender y expresar nuestros sentimientos. El léxico sentimental forma parte de las propias emociones. Cuando damos nombre a algo, relacionamos una experiencia con lo que sabemos y hemos acumulado en el nombre que aplicamos.

Hoy la propuesta a la que os invitamos consiste en definir un afecto, la compasión.

Proviene del término latino cumpassio que significa “acompañar”. Compadecer no significa tener lástima de otra persona sino sentir con ella. El desencadenante general suele ser el dolor que está sufre. Es una forma de empatía que nos permite comprender e identificar las emociones del otro y compartirlas. Esta respuesta afectiva responde a un estímulo externo: es la empatía con el sufrimiento del otro. En general solemos sentir compasión por aquellos que sufren un mal sin merecerlo.

“De puntillas, entramos en el corazón de otro para compartir con él un trocito de su pena. Una actitud humana, lo bastante sensible como para no dejarlo solo en momentos difíciles. El dolor adquiere un halo de dulzura que hace la desgracia más soportable” Véronique Fleurquin. 

Este sentimiento puede tener otras connotaciones que merece la pena explorar. En ocasiones, la sensación de poder que a veces nota el que siente lástima puede provocar un sentimiento de humillación en aquél que se siente mal compadecido. Por ello, a veces, oímos la expresión de rechazo “No quiero que me compadezcas”. Es muy importante diferenciar lástima de compasión.

Algunos profesionales de la psicología hablan de tres elementos intimamente relacionados con la compasión: la comprensión, la aceptación y el perdón.

La comprensión como el primer paso, ya que puede cambiar los sentimientos y actitudes e impulsa hacia una relación compasiva. La aceptación, que nos ayuda a reconocer los hechos con suspensión de todos los juicios de valor. Y el perdón que nos permite aceptar lo que pasó y reafirmar el respeto a uno mismo y el otro.

Una variante de la compasión es el sentimiento de autocompasión. Hay disparidad de visiones sobre lo que supone este sentimiento. La autocompasión puede considerarse destructiva si anula la capacidad de luchar de quien la siente.

“Me es tan habitual compadecerme a mí mismo que por extensión soy fácil a la piedad hacia los demás. De cualquier modo, me cuesta admitir que pueda haber algún tipo de compasión que no nazca de la autocompasión. Si uno borra o logra superar la relación directa con el dolor, ¿dónde obtendrá la información sobre el sufrimiento que le mueva a la piedad? ¿Cómo va  a compadecer quien ya no padece? ” Fernando Savater.

 compasion

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