¿Qué marca la diferencia?

Podemos elegir entre vivir ofendidos o reconciliados. Y, al escoger, es importante hacerlo con la libertad que da el conocimiento. Vamos a valorar los pros y los contras de nuestra elección:

Pros de vivir ofendidos:

  • Podemos ir de “victimas”.
  • No es preciso hacer nada más que quejarse.
  • La culpa siempre es de los demás.
  • Podemos abusar de tópicos y de etiquetas. No es preciso esforzarnos en el buen uso del lenguaje:
    • La gente es mala.
    • No hay más remedio.
    • ¡Después de todo lo que hice!
  • La gente se apiada de nosotros.
  • Nos prestan más atención.

Contras de vivir ofendidos:

  • Nos quedamos atados al pasado.
  • Llevamos “pesos muertos” que frenan nuestro avance personal.
  • Nuestro mundo emocional se vuelve caótico y contiene basuras emocionales tóxicas.
  • Construimos resentimiento, odio y violencia.
  • Aleja a la alegría y el amor de nuestra vida.
  • La ofensa divide, separa.

Vivir ofendidos nos hace quedarnos anclados en el pasado, con una herida abierta que alimentaremos sin permitir que se cierre. Viviremos malgastando nuestra energía en algo en lo que no vale la pena invertir.

Pros de la reconciliación:

  • Incrementa la armonía y la serenidad.
  • Aumenta nuestra coherencia interior.
  • Despierta emociones agradables (alegría, amor)
  • Aumenta la creatividad.
  • Mejora el autoconcepto y la autoestima.
  • Aumenta nuestra capacidad para dirigir nuestra vida.

Contras de la reconciliación:

No hay contraindicaciones pero sí precios que hay que pagar:

  • Implica algunas concesiones y algunas perdidas.
  • Supone ejercer la autocrítica.
  • Requiere activar la humildad, comprensión y empatía.
  • Pone en juego el pensamiento flexible.
  • Activa la resistencia ante las frustraciones.
  • Es imprescindible saber desprenderse.

Mediante la reconciliación soltamos el pasado y nos quedamos más libres para saborear el presente. El bienestar emocional requiere de aligerar nuestro equipaje de ofensas, rencores, dependencias, temas pendientes y lastres que aun pesan y no nos permiten avanzar.

¿Estás dispuesto a asumir tu responsabilidad en este proceso?

¿Abandonarías tu zona de comodidad y pasarías al territorio de la incertidumbre?

Es el momento de transformar los patrones y ponerlo todo del revés. Nadie puede hacernos daño ni ofendernos si no es con nuestra cooperación. Asumir la responsabilidad de la propia vida no es fácil ni cómodo, supone pasar a la acción y ser sus protagonistas.

¿Qué eliges ofensa o reconciliación?

 la vida como oportunidad

 

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