La ofensa, residuo tóxico y contaminante

“Nada se olvida más despacio que una ofensa y nada más rápido que un favor” Marthin Luther King.

Ofender: injuriar de palabra, agraviar, fastidiar, molestar, afrentar, denostar, escarnecer, herir, lastimar. En general hacer daño a otro. Al intentar definir “ofensa” entramos en un territorio totalmente subjetivo. Todas las ofensas son vividas como agresiones aunque no todas las agresiones provocan como resultado el sentimiento de ofensa. Si consideramos las ofensas como armas capaces de herir el amor propio, en su edificio hallamos como pilares al ego, la soberbia y el narcisismo.

Contaminadoras y tóxicas. Innecesarias. Generadoras de sufrimiento y destrucción. Son el fruto de nuestra incompetencia emocional. Empeoran el clima emocional global. Producen malestar y enfermedades. Realmente, acumular ofensas es poco inteligente.

La ofensa no es un sentimiento simple sino una estructura contenedora de emociones y materiales caóticos y tóxicos que nosotros mismos fabricamos. Allí se almacenan; abandono, amargura, animosidad, angustia, aversión, celos, decepción, desengaño, desconfianza, desprecio, envidia, frustración, humillación, impotencia, indignación, ira, menosprecio, miedo, rabia, rencor, resentimiento, odio, orgullo herido, soberbia, vergüenza.

En el contenedor de la ofensa colocamos un filtro mental que detecta y deja pasar, tan sólo, aquellas expresiones, conductas, palabras y hechos que confirman el hecho ofensivo. Lo demás es rechazado por nuestra mente y no se da por recibido. Así, nos vamos cargando con más y más peso emocional y dejamos afuera todo lo bueno y sano que nos rodea.

Abrimos las compuertas para que crezcan, se fortalezcan y se retengan emociones que, si toman el control de nuestra vida, pueden arrasar con todo. Son las emociones que nos conectan con nuestro dolor, toda una oportunidad si aprendemos a conocerlas y a gestionarlas adaptativamente (de forma inteligente y que favorezca nuestro equilibrio, bienestar y crecimiento personal).

No siempre se juntan todas ¡afortunadamente!, pero todas orbitan alrededor de la ofensa y vale la pena conocerlas bien a fin de que no nos tomen por sorpresa y sepamos cómo desprendernos de ellas.

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