¿Qué es la terapia Gestalt? (2ª Parte)

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Con la “declaración de principios” de lo que es la actitud gestáltica de la que hablábamos en la primera parte de esta entrada, ya nos podemos hacer una idea muy clara de la filosofía de base de la Gestalt: lo importante no es explicar el comportamiento para entender nuestras dificultades sino, sobre todo, experimentar y “experienciar” las vivencias, que es el verdadero camino para la transformación y el autoconocimiento.

Esta experiencia siempre se va a dar en el “aquí y ahora”, pues de lo contrario, estaríamos tomando subterfugios, excusas o evitaciones para no responsabilizarnos de lo que nos ocurre y lo que hacemos: si uno recuerda, está en el pasado; si uno anticipa, se coloca en el futuro… cuando lo obvio es que la experiencia siempre ocurre en el presente. Lo demás son pensamientos, fantasías, etiquetas, etc., que bloquean el fluir de las emociones y el sentir auténtico.

El estar en el presente es tan importante para la Gestalt, que incluso explica la neurosis y el sufrimiento en general como una dificultad de la persona para quedarse en el “aquí y ahora”. Así, la depresión o la melancolía pueden ser vistas como una forma de quedarse fijado en el pasado; mientras que las angustias y fobias, se podrían entender como un intento de predecir y controlar el futuro. En este ir y venir del pasado al futuro y viceversa es cuando enfermamos.

¿De qué manera entonces podemos estar más presentes y poder conectar con nosotros mismos, con nuestra parte más genuina? ¿Cuál es el camino para encontrar el bienestar emocional y el autoconocimiento?

Para la Gestalt, como en las prácticas meditativas orientales, la clave está en la toma de conciencia (en inglés, awareness). Por ejemplo, percatarse de cómo me estoy comportando y con qué finalidad lo estoy haciendo, cómo me estoy relacionando con los demás, qué efecto tiene lo que hago en mí y en los demás, cuáles son mis necesidades y si estoy pasando por encima de ellas, etc. Éstas serían sólo algunas de la preguntas que uno podría responderse, pero no a través de “la cabeza” y el entendimiento, sino a través de la experiencia vivida plenamente, sin censura y dejando espacio a lo que pueda surgir de manera natural y espontánea.

Trabajar gestálticamente supone entonces acompañar a la persona en su proceso vital para que ésta pueda ir conectando en el aquí y ahora, a través de esta toma de conciencia con aquello que le es más propio, espontáneo y genuino de uno mismo. La mera toma de conciencia de lo que somos y cómo nos comportamos ya produce cambios profundos por sí misma. Si “nos dejamos tranquilos”, el propio organismo, a través de “su sabiduría” podrá ir encontrando las soluciones que cada cual necesita en cada momento.

Podéis leer la Parte 1 del artículo haciendo clic aquí.

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