Estar bien contigo y también sin ti (parte II)

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En la Edad Media, las relaciones de pareja y los matrimonios no estaban en absoluto basados en el amor, sino en conveniencias económicas, familiares, políticas, etc. Lo habitual es que fueran los padres de los cónyuges los que fijaran el enlace. Las relaciones sexuales se veían como algo potencialmente pecaminoso y sólo se realizaban con vistas a tener descendencia. Esta forma de concebir la relación de pareja es bastante reciente y no se da, ni mucho menos en todas partes del mundo.

Así es que para poder cambiarte a esta otra visión de la relación de pareja puedes comenzar por ir abriéndote a las siguientes claves prácticas:

A) Darme cuenta de lo que siento y lo que necesito y hablarlo con mi pareja. No rehuir el conflicto en el nivel de la comunicación. Me importa mi pareja en la medida en que le cuento cosas que siento y pienso, pero sin juzgar ni criticar. En muchas ocasiones alguno de los miembros de la pareja afirma un “no me entendería”, “no tengo que decirlo, es evidente”, “se debería dar cuenta” o “no merece la pena”. Tras estas y otras frases suelen esconderse dificultades para comunicarse de una forma abierta y positiva. También hay parejas que se dicen a la cara “lo que piensan”, pero lo hacen acusando, juzgando o agrediendo. Decir lo que se piensa puede ser muy nocivo cuando lo que se piensa está lleno de negativismo, acusaciones o “tener razón”. La forma de escuchar y de decir las cosas es una carencia muy común. Y se puede mejorar mucho, ¿cómo? aprendiendo determinadas técnicas de comunicación en pareja (sin juicio ni crítica) y desarrollando una actitud de comprensión hacia uno mismo y hacia el otro.

Para poder entender bien la importancia de este aspecto: el departamento de psicología de la Universidad de Michigan, en EEUU ha realizado un estudio con 192 parejas durante 17 años y ha concluido que las parejas en las que se expresan los sentimientos y afrontan positivamente los conflictos tienen una mayor esperanza de vida. Cuando alguno de los cónyuges reprimen su enfado o sus críticas, la probabilidad de muerte prematura es el doble.

B) Poner atención a cualquier señal de dependencia que pueda tener de mi pareja y buscar la forma de salir de ella. Puede ser que dependa de sus relaciones sociales, de su capacidad para organizar o de que es más cariñosa/o…Hay muchas formas de dependencia. Y cualquiera de ellas puede convertirse en un “enganche” que nos ata. Como una especie de “droga”.

Un ejemplo: en un reciente estudio realizado por Skyscanner, un buscador de vuelos, líder en Europa, se ha encontrado que más de la mitad de los hombres admite que su pareja les hace la maleta y las mujeres que la hacen afirman que es a cambio de algo. La dependencia puede estar en muchos lugares y nos lleva a luchas de poder. El primer paso es darse cuenta de ello.

C) Crear una “zona de encuentro” con la pareja en la que disfrutar, siendo conscientes de que las formas de hacerlo van a ir evolucionando, no van a ser como eran al principio. Las “zonas de encuentro” van a ir variando a lo largo del tiempo y por ello será importante estar muy atentos a cuándo hay señales de cambio. La sexualidad, los hijos, las amistades, viajar, hacer deporte, ver espectáculos, inquietudes de aprendizaje o de desarrollo personal. Todas éstas son posibles “zonas de encuentro” en las que podemos coincidir con la pareja. Es importante que se vivan como algo agradable que se hace por gusto, no por obligación. En cualquier caso, siempre hay una “zona de encuentro” potencial a la que poder acudir y es la comunicación sobre uno mismo, tu vida y las cosas importantes que te suceden.

D) Desarrollar un ámbito de independencia. Pretender que los miembros de una pareja estén juntos en todos los aspectos es algo muy poco realista que puede llevar a las parejas que lo busquen a una sensación de opresión y a un estancamiento en la relación.

Cada uno puede tener sus intereses, sus necesidades y es natural que sean distintos. Se necesita una actitud de respeto y de libertad hacia el otro para permitir e incluso facilitar esta independencia. Existe la posibilidad de que las “zonas independientes” tomen mucho protagonismo en la vida de cada miembro de la pareja. En ese caso hay peligro de distanciamiento, sobre todo si no se fomenta la comunicación acerca de estos ámbitos de independencia. Y es que si los miembros de una pareja hacen vida independiente y poca en común ¿qué sentido tiene continuar juntos?

Por Jesús Gil de Rozas, psicólogo y especialista en creatividad. Imparte junto a Adelma Stolbun, psicóloga especializada en resolución de conflictos, el Curso Desmontando el mito de la media naranja

Para más información sobre el Curso Desmontando el mito de la media naranja (fecha de inicio: 6 de noviembre de 2013 a las 18:30) puedes hacer click aquí.

Para más información sobre el Taller gratuito del 29 de octubre de 2013 a las 19:30, puedes hacer click aquí.

Para leer la parte I del artículo puedes hacer click aquí.

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