Casos prácticos de niños y jóvenes, soluciones desde la Pedagogía Sistémica (parte 1 de 2)

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Recurso Sistémico en la acción tutorial: Los muñecos. Caso de droga como sustitución del padre.

Juan tenía 14 años, en la escuela se le consideraba un chico problemático, su actitud había empeorado considerablemente en los últimos cursos, en el que cursaba se preveía que apenas aprobaría alguna asignatura.

Comenzó a fumar hace 2 años, en este momento está empezando a consumir alcohol y alguna otra droga.

Su madre se sentía superada por la actitud agresiva y destructiva de su hijo, estaba desconcertada, pues su matrimonio, se había roto precisamente por el consumo de drogas en el que su marido estaba inmerso. Cuando Juan tenía unos meses les abandonó y nunca ha querido saber nada de su hijo. Ella ha intentado por todos los medios que Juan no supiera que su padre era drogadicto, sin embargo el chico ha incurrido en la misma adicción.

Desde una mirada sistémica Juan está siendo leal a su padre y difícilmente se va a modificar su comportamiento si no se trabaja desde esa perspectiva. Con frecuencia las toxicomanías o el alcoholismo son un sustituto de algo que no se puede “tomar” generalmente al padre. Cuando hay un juicio implícito o explícito por parte de la madre o de él mismo hacia el padre,  es como si dijera: “lo que viene de mi padre es malo, pero yo no puedo abandonarle, si me hago como él nos igualamos y así por lo menos le siento cerca”. Es una forma de lealtad para no dejarle solo, de destruirse juntos.

También es frecuente que sea una respuesta ante el desprecio de un progenitor hacia el otro. El hijo, ante la dificultad  de ponerse del lado de uno u otro, de escoger cual es el bueno o el malo, llena esa herida con algo, como las drogas que puede ser una  sustitución, una forma alternativa de tomar a la madre o al padre.

En Sistémica Escolar, a los chicos y chicas se les considera como parte de un grupo familiar en el que el vínculo es tan poderoso que inconscientemente van a compensar cualquier exclusión de algún miembro de ese sistema. Es como si dijeran, “yo te acompaño en tu desgracia para que no te sientas solo”, o “yo soy como tú”, o “yo lo hago en lugar de que lo hagas tú”.

Por eso, las posibles soluciones pasan también a través del propio sistema familiar. Tuvimos una entrevista con la madre. Le expusimos la necesidad de que Juan conociera la inclinación de su padre hacia la droga y que a pesar de esa tendencia, le devolviera la dignidad y el reconocimiento para que Juan también pudiera reconocerle como padre, tal y como es. A fin de cuentas es el mejor padre que tiene, no hay otro. De esa forma el propio Juan también retomaría su propia dignidad. Después de que la madre hablará con él, tuvimos una entrevista con los dos. Le propusimos al chico trabajar con pequeños muñecos, figuras que representaban a su familia, y aceptó.

Esparcimos los muñequitos sobre la mesa y le pedimos que escogiera una muñeca para su madre, un muñeco para él y otro para su padre y que los colocara. Los 2 primeros los colocó sin dificultad, pero para el tercero no encontraba lugar. Su cara y su mano se tensaron, su actitud era de claro desconcierto.

-¿Qué te parece si le colocamos al lado derecho de tu madre y tú al izquierdo?- le comenté. Aceptó y enseguida noté como su cuerpo se relajaba. -Ahora vas a decirles a tu madre (muñeca): “por favor mamá mira con buenos ojos a mi padre yo le necesito”.

-Por favor, mamá permíteme tomar a mi padre- dijo Juan a la vez que se le llenaron los ojos de lágrimas.

La madre, sorprendida y también emocionada por la actitud de su hijo, contestó, (como habíamos quedado previamente) -por supuesto, cuando tu naciste nos queríamos mucho, él era el mejor padre para ti.

-Ahora Juan, si te parece – continué proponiéndole – vas a colocar al muñequito que te representa a ti, al otro lado, a la derecha de tu padre y desde ahí le vas a decir: “por favor papá, por favor”. Para sorpresa de todos, Juan rompió a llorar.

-¿Tú crees que tu padre quiere que te drogues como él?- le pregunté.

-No lo sé- respondió.

-Pues pregúntaselo y deja que la respuesta resuene dentro de ti.

-No, él no quiere que yo me drogue, quiere que estudie.- Contestó enseguida el chico.

Después de esta entrevista, Juan mejoró considerablemente su actitud, disminuyendo considerablemente su relación agresiva con compañeros, profesores y también con su madre. Ha tenido que repetir curso, pero ahora ya no se le considera uno de los alumnos más conflictivo del colegio.

Para ampliar la información sobre el curso Competencias emocionales para la escuela desde la mirada sistémica podéis hacer click aquí.

Por Maita Cordero Ayuso, maestra y terapeuta, formada en varios ámbito como la terapia regresiva, la PNL, el coaching y la consultoría, así como en Constelaciones Familiares. Máster en Pedagogía Sistémica.

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