HACIA UNA EDUCACIÓN PLENA: Educadores conscientes, niños felices. por Olivia Recondo

Cada vez somos más los que normalizamos la importancia de la gestión de las emociones para llevar una vida plena, saludable y satisfactoria. Y menos, los que la cuestionan. De hecho, no es casualidad que cada vez oigamos hablar más de emociones, Inteligencia Emocional, Educación Emocional y de cientos de técnicas, recursos y materiales para desarrollarlas.

De alguna manera, todos queremos ser “emocionalmente competentes”, es decir, tener una buena relación con nosotros mismos, con los demás y con el mundo que nos rodea. Pero, para lograrlo, a veces no es suficiente con el sentido común (que parece que traemos “preinstalado de fábrica”) y debemos aprender a movilizar una serie de conocimientos, habilidades y actitudes personales de forma adecuada. Todo esto, unido a una buena dosis de motivación por parte del aprendiz (y también del maestro, si lo hubiera) y contando con algunos recursos que deben estar disponibles para ambos.

Entre estos recursos, hay dos fundamentales: la familia y la escuela que, junto a las madres, padres, profesores y alumnos, asume el desafío de facilitar las experiencias de aprendizaje emocional que predispondrán al niño (y al adulto) a gozar de una vida más feliz y plena; con menos conflictos y, cuando surjan, sabiéndose capaz de afrontarlos y resolverlos eficazmente.

Entonces, si queremos familias y escuelas competentes y saludables… Necesitamos antes ser padres, madres y profesores competentes y saludables. 

La paternidad y las relaciones familiares siguen siendo un tema clave en el mundo actual porque son nuestro primer núcleo de seguridad, afecto y socialización. Además, es la “primera escuela” a la que asistimos y en la que aprendemos quiénes somos y qué tipo de ciudadanos ser.

Nuestra familia es el punto de partida de nuestra historia personal. Es una referencia siempre presente de una u otra manera a lo largo de nuestra vida. Y, como señalan Jon y Myla Kabat-Zinn en su libro “Padres conscientes, hijos felices” (Ed. Faro), también “influye en el corazón, el alma y la conciencia de la siguiente generación”.

En cuanto a la Educación, tengo el honor de trabajar cada día como terapeuta individual-familiar y capacitadora de profesores y alumnos en Mindfulness (Atención Plena o Consciencia Plena1) y el desarrollo de la Inteligencia Emocional. Y gracias a estos “maestros de vida” de todas las edades, he podido constatar que la Consciencia Plena nos permite transformarnos profundamente para vivir más a gusto con nosotros mismos y con los demás.

El PINEP, Programa de Inteligencia Emocional Plena: la gestión eficaz de nuestras emociones a través de la Atención Plena (Mindfulness), que he desarrollado junto a la Dra. Natalia Ramos y el Dr. Héctor Enríquez (Ed. Kairós), es un buen ejemplo de las nuevas propuestas que están surgiendo en nuestro país .

Ser educador consciente consiste, principalmente, en:

– ser conscientes y responsables de “nosotros mismos” y de “lo nuestro”, antes de acompañar a “otros” con lo “suyo”.

– acoger de verdad a un niño en nuestra vida -o a varios, si es el caso- y ser para él alguien que le facilite sus experiencias en el mundo.

– aprovechar la curiosidad y ganas de aprender de nuestros chavales a través de la experiencia directa (y no de tanto sermón o doctrina educativa).

– una buena manera de sanar las heridas y carencias afectivas que podamos arrastrar desde nuestra infancia, aprendiendo a acoger y aceptar al “niño dañado” que también somos y que, de vez en cuando, asume el mando de nosotros mismos si alguien nos hace daño o no hace lo que deseábamos.

– vivir con Consciencia Plena, es decir, “vivir y amar auténticamente”.

En los últimos años, mi trabajo está más centrado en generar espacios formativos de sinergia con equipos docentes en distintos niveles educativos (Educación Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato) en colaboración con varios Centros de Profesores (CEPs) de la Junta de Andalucía (especialmente, con el CEP Marbella-Coín y su magnífico equipo de asesores).

Entre las finalidades de esta formación con profesores, alumnos y padres, destacan:

 Experimentar la Atención Plena viviendo el “aquí y ahora” a través de la práctica de Mindfulness.

 Desarrollar habilidades personales para cultivar el equilibrio emocional y reducir la influencia de nuestros habituales patrones negativos de percibir y juzgar la realidad en la vida personal, familiar y profesional.

 Mejorar la regulación de nuestras emociones estando receptivos a ellas y tomando conciencia de nuestra capacidad para modularlas (las emociones propias y las de los demás).

 Promover la comprensión y el crecimiento personal, gestionando nuestras emociones de forma eficaz.

 Favorecer un clima saludable y positivo en el aula, en casa, en el barrio, etc.

más información: Olivia_Recondo

¿Todo esto qué nos hace pensar? ¿Consideras que las relaciones familiares son claves en la educación? 

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