Comprender

Compartimos hoy un texto de Jorge Wagensberg, profesor, investigador y escritor doctorado en física en el año 1976, que nos invita a la reflexión:

“Comprender es la mejor estrategia para sobrevivir porqué también es la mejor manera de anticipar la incertidumbre.

Pero, aunque comprender es anticipar, anticipar no implica necesariamente haber comprendido.

Se puede anticipar mucho sin comprender nada.

Ocurre cuando la realidad se repite tanto que ella misma se proyecta por sí sola hacia el futuro.

El riesgo es entonces confundir “comprender” algo con “estar acostumbrado” a ese algo”

Jorge Wagensberg

bosque.jpg

Desde los afectos

A través de las palabras expresamos nuestros sentimientos y afectos. Cuando las palabras son dichas de verdad, desde el silencio, la reflexión profunda y desde el corazón nos ayudan a abrir puertas y ventanas a la experiencia y a la vida.

Desde los afectos

¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas, salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde formas.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no está prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Que la agresión porque sí, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos, nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja.
Que negar palabras, es abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el por qué de los niños, tiene su por qué.
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad.13442233_1043368755740320_3484786436530290309_n
Que saber todo de todos, es curiosidad malsana.
Que nunca está de más agradecer.
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar, debemos recibir antes.
Que para que nos den también hay que saber pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse en definitiva no es quererse.
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos.
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es apoyar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no robe.
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo.
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensible y no herirse. 
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que sería mejor construir puentes.
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder también puede ser avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol.
¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?

Mario Benedetti

Límites, ¿para qué?

Sócrates decía que un hombre desenfrenado no puede inspirar afecto a otro hombre ya que es insociable y cierra la puerta a la amistad. Un niño sin límites, que no sabe frenar a tiempo su ira ni controlar su mal genio, tiene dificultades para poner en juego sus habilidades.

Los límites, en lugar de oprimir, liberan. Son marcos de referencia que facilitan nuestra propia construcción y la convivencia con los demás, la exploración, la creatividad y el abordaje positivo de los cambios. Tenemos libertad porque tenemos límites. Para salir de los límites es preciso tenerlos y conocerlos.

Nuestros niños tendrán que rehacerlos, superarlos o redefinirlos en un trabajo de evolución personal. El resultado de este trabajo será una persona que podrá gozar de la vida, dar amistad y amor y se sentirá más equilibrada y segura de sí misma.

Los límites son necesarios para:

  • Definir un espacio de crecimiento donde el niño pueda construirse con seguridad.
  • Señalar pautas de conducta que favorezcan una mejor adaptación al entorno.
  • Regular la convivencia diferenciando los espacios propios y los de los demás.
  • Facilitar el autocontrol emocional dotando al niño de estrategias para gestionar sus emociones.
  • Favorecer la construcción del sentido moral e individual fomentando valores como la libertad, el respeto y la responsabilidad.
  • Permitir el trabajo de trascenderlos, cambiarlos, poner otros nuevos, revisarlos y recuperarlos si se cree conveniente.

La permisividad y la falta de límites es causa de desorientación y de inseguridad puesto que el niño carece de referentes para orientar su conducta. Su autocontrol será bajo y puede convertirse en una persona débil con poca tolerancia a las frustraciones y graves dificultades para enfrentar los problemas y gestionar la incertidumbre y el caos.

En Centro Abierto de la Fundación Tomillo, en concreto en el Instituto de Ecología Emocional de Madrid, llevamos a cabo diversos programas en los que promovemos con los niños y jóvenes rutas para crecer, para hacer camino. Una ruta orienta pero no obliga. Permite que escojas en qué dirección ir. La ruta muestra opciones y avisa de peligros o recursos.

En nuestros programas aplicamos la siguiente Fórmula = Respetar su espacio de ser y de crecer + fomentar que vivan vidas íntegras + libertad y responsabilidad + permitirles tomar sus propias decisiones y cometer sus propios errores.

Si estas interesado en ampliar esta información, haz click en este enlace: Programa Exploradores Emocionales

“¿Qué es un niño?  Un explorador”     Desmond Morris

IMG_1275